FEAST DAYS WITH BISHOP SKIP | ST. BARNABAS


We are told in the Acts of the Apostles, so aptly named, that Barnabas “was a good man, full of the Holy Spirit and of faith.”  I am not sure there is any greater thing that could be said of someone.  Anyone would be honored if such a description were to be found on their tombstone.

The same chapter reveals that it was Barnabas who went to Tarsus to look for Saul and upon finding him, brought him to Antioch to meet with the nascent church and to teach.  This occurred after what must have been an uneasy introduction of Saul by Barnabas to the apostles in Jerusalem who were reluctant to meet with the former persecutor of Jesus’ followers.  But Barnabas prevailed as he told of Saul’s conversion on the road to Damascus and how he became one, known now as Paul, to proclaim the Good News.

We learn of him in another part of the Acts of the Apostles that he “sold a field he owned, brought the money, and turned it over to the apostles.”  Barnabas evidently also had a significant role in sending relief to people suffering from famine in the days of Claudius.  The descriptions of Barnabas’ stewardship of human relationships and finances seem to indicate that he was a bold risk-taker for the sake of the Gospel.

My life has been graced by many beautiful and deeply faithful people over the years who exhibited profound acts of stewardship in Christ’s name, not unlike that of Barnabas.  One day a member of one of my former parishes asked to see me.  He said that he was selling his home in the neighborhood down the street from the parish and moving to another several streets over.  He had bought the second home while the first was yet to be sold.  He then said that while saying Morning Prayer the week before, he was reading about the behavior of people in the book of Acts and particularly the story of Barnabas selling the field.  Praying through that piece of scripture, he came to realize that if he could afford another home without selling the first, he must not need that income.  He believed the Spirit was calling him to give to the church whatever he realized from the sale of the first home.  I was stunned.  But there is more.

This parish had three members who had fallen on hard times and were finding it very difficult to make ends meet month to month.  He wanted to help there too.  We worked out a plan where the rent would be paid for each of those families for the next year as they got back on their feet.  He would remain anonymous, but I got to be the messenger.  You can believe I was looking forward to those visits.

Like Barnabas, this gentle steward of God’s grace as I got to know him better over the years, was acting out of a deeply rooted faith that was grounded in Jesus’ death and resurrection.  He believed that the only appropriate way to respond to the gift of God’s embrace of him and the creation was with thanksgiving.  He too was a good man, full of the Holy Spirit and of faith.

 


 

Se nos dice en los Hechos de los Apóstoles, de forma tan acertada, que Bernabé “era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe”.  No estoy seguro que haya algo más grande que se pueda decir de alguien.  Cualquiera se sentiría honrado si esa descripción se encontrara en su lápida.

El mismo capítulo revela que fue Bernabé quien fue a Tarso a buscar a Saulo y, al encontrarlo, lo llevó a Antioquía para que se reuniera con la naciente iglesia y le enseñara.  Esto ocurrió después de lo que debió ser una incómoda presentación de Saulo por parte de Bernabé a los apóstoles de Jerusalén, que eran reacios a reunirse con el antiguo perseguidor de los seguidores de Jesús.  Pero Bernabé prevaleció cuando habló de la conversión de Saúl en el camino a Damasco y cómo se convirtió en uno, conocido ahora como Pablo, para proclamar la Buena Nueva.

En otra parte de los Hechos de los Apóstoles sabemos de él que “vendió un campo de su propiedad, trajo el dinero y lo entregó a los apóstoles”.  Evidentemente, Bernabé también tuvo un papel importante en el envío de ayuda a la gente que sufría de hambre en los días de Claudio.  Las descripciones de la administración de las relaciones humanas y de las finanzas de Bernabé parecen indicar que era un audaz tomador de riesgos por el bien del Evangelio.

Mi vida ha sido agraciada por muchas personas hermosas y profundamente fieles a lo largo de los años, que exhibieron profundos actos de mayordomía en nombre de Cristo, no muy distintos a los de Bernabé.  Un día, un miembro de una de mis antiguas parroquias pidió verme.  Dijo que vendía su casa en el barrio de la calle de la parroquia y se mudaba a unas cuantas calles.  Había comprado la segunda casa mientras que la primera aún estaba por venderse.  Luego dijo que mientras rezaba la oración de la mañana la semana anterior, estaba leyendo sobre el comportamiento de la gente en el libro de los Hechos y en particular la historia de Bernabé vendiendo el campo.  Al orar y pensar en ese trozo de la escritura, se dio cuenta que si podía permitirse otra casa sin vender la primera, no debía necesitar esos ingresos.  Creía que el Espíritu le llamaba a dar a la iglesia lo que obtuviera de la venta de la primera casa.  Me quedé aturdido.  Pero hay más.

Esta parroquia contaba con tres miembros que habían pasado por momentos difíciles y tenían muchas dificultades para llegar a fin de mes.  Él también quería ayudar.  Elaboró un plan en el que se pagaría el alquiler de cada una de esas familias durante el año siguiente mientras se recuperaban.  Él permanecería en el anonimato, pero yo tengo que ser el mensajero.  Puedes creer que esperaba con ansias esas visitas.

Al igual que Bernabé, este amable administrador de la gracia de Dios, al que fui conociendo mejor a lo largo de los años, actuaba desde una fe profundamente arraigada que se basaba en la muerte y resurrección de Jesús.  Él creía que la única forma apropiada de responder al abrazo de Dios y a la creación era con agradecimiento.  Él también era un buen hombre, lleno del Espíritu Santo y de fe.

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